Besos con Arroz


14.
julio 23, 2010, 4:37 pm
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La Montaña Rusa

Es de día, vamos saliendo de una fiesta pero buscamos otra. Llegamos a un colonia hermosísima llena de parques y glorietas, edificios viejos de ventanales redondos en las esquinas y marcos de herrería blancos. Mosaicos las fachadas. De colores unos y un enorme edificio verde en uno de los extremos del parque con mosaicos como láminas verdes y cortinas blancas cerradas.

Una de las casas es un “bar” de día. Que más bien funciona como una sala/casa de estar y tomar cervezas, pasar el tiempo en ajedrez y juegos de mesa. Todo acompañado de algunas droguitas. La gente es joven y estilosa y anda sentada en sillones viejos, sillas de fonda y cajones.

Mi acompañante y su barba me piden una cerveza y la comparte conmigo. Recorremos el lugar. Él va al baño. Yo me quedo arriba.

Arriba me encuentro con ella. Resulta que tenemos que hacer una revisión del lugar piso por piso. Es obligación de ambas y no puedo zafarme aunque quiera. Sé que me espera el otro abajo pero no pueden saber uno ni el otro de la presencia de cada quién. Entonces yo estoy metida en una situación que comienza en plática amable y termina en pleito y tensiones.

Paso un largo, larguísimo tiempo en esas. Hasta que tengo que bajar a ver qué pasa en el otro piso. El me sigue esperando. Camina por un patio interior y habla por teléfono mientras se toma una cerveza. Me saluda desde lejos y me hace una seña de que lo acompañe.

Entonces pasamos a otra habitación de techos bajos dónde está todo el equipo de sonido. Son tres chicos sentados con consolas y computadoras y un montón de cables pegados a unas ventanas horizontales opacas por las que entra un poco de luz. Para llegar ahí hay que subir una escalera plegable, misma que está en el camino con un soplete.

Cuando llego al último peldaño, el soplete se prende y sale volando aventando chispas. Luego se cae un garrafón con agua. Todo se torna en un brete espantoso por mi culpa. Pido perdón mil veces. Nadie se enoja. Fue un accidente. Sólo veo a uno de los chicos de sonido electrocutándose con todo y consola, mientras mi acompañante me lleva de vuelta al patio interior /descanso y prosigo con mis deberes de revisión.

Gracias a mi ausencia, las cosas están aún más tensas. La pelea continúa durante mucho tiempo hasta que me canso y le digo que me voy. Tomo mi bolsa y bajo al patio. El lugar está vacío.

Mi acompañante no está. Salgo a la calle y no veo el coche. A lo lejos cruza un muchacho y como no llevo lentes, grito su nombre, pero resulta que no es él. Me dejó y yo pienso “me pudo haber avisado, de menos un DM”. Pero entiendo que se haya ido.

Entonces camino sin rumbo buscando cómo volver a mi casa. No sé si estoy al sur, centro, norte o dónde en la ciudad. Camino por una indicación de un centro del Seguro Social que dice “Universidad”. Llego a una avenida grande donde cruza un metro y hay una manifestación de chicas de secundaria que claman a un ídolo cantante. Todas llevan gorras y banderas, playeras, muñecos, pancartas del tipo. El tipo (ahora que recuerdo) es mi amigo Drew.

Es tanta la confusión y el gentío que decido tomar por otra parte. Vuelvo a las calles de glorietas y edificios hermosos y el sol brilla y se refleja en cada mosaico. Es hermoso. Y no hay nadie, ni sonido. Está vacío como mis pies. No traigo zapatos.

Ni ropa común. Llevo mi camisón y mi bata. Ando en pijama. Pienso en lo premura de llegar a mi casa ante mi estado y mi atuendo, cuando se me aparece un letrero que dice Insurgentes Sur. Pienso, “perfecto, me voy en metrobus”.

Camino hacia donde indica la flecha y salgo a espaldas de la Feria de Chapultepec. Me río. Estoy en la maldita Feria de Chapultepec. ¿Cómo? Así, como me pasan a mí las cosas.

Llego a una explanada, con la montaña rusa de frente. Veo hacia arriba y me encuentro con una parvada de pájaros grandes y cafés, cientos dando vueltas, haciendo piruetas y figuras en el aire. Muchísimos pájaros como águilas vuelan juntos. Cierro los ojos y siento el viento y doy vueltas y me digo: “Disfrútalo, éste es uno de los momentos más bonitos de tu vida”.

Escucho una voz fuerte hablando en alemán. La busco. Es el entrenador de los que vuelan. Lleva un chaleco café, una gorra verde y unos Ray Ban. Tiene a todos unidos por unas tablas de madera y les enseña las figuras que forman en el aire. Son tres grupos de aves los que conforman el espectáculo.

Me doy cuenta de que estorbo en todo el proceso. Así que mientras los pájaros andan arriba yo corro hacia la avenida detrás de la montaña rusa para irme. En el camino, uno de los grupos baja y me encierra, me empujan y caigo sobre ellos.

Estoy asustada y apenadísima (después del desastre de soplete pienso “Qué torpe, qué horror”) cuando el grupo se levanta al vuelo de nuevo. El instructor les dice algo, pero suena bonito y calmado. El se ríe. Voy tomada de las barras de madera recargada sobre todos ellos, que me llevan a volar.

Después de unas vueltas, me dejan bajar. Y el instructor se acerca corriendo porque el aterrizaje me ha dejado tumbada en el piso. Dice “cuidado con las orejas” y siento un picotazo en una de ellas.

Despierto. Hay un montón de niños pequeños alrededor de mi cama. Una de ellas ha puesto un papel como lienzo sobre la pantalla de mi computadora. Todavía dormida y pensando “tengo que escribir el sueño antes de que lo olvide” arranco la hoja y le pregunto lo que pasa.

Me dicen que les han dicho que pueden jugar en mi cuarto. Son varios de ellos, todos de menos de siete. Uno de amarillo, otra de lila, una de naranja, otro de verde y uno más de azul. Todos iguales, de ojos grandes color miel y pelo lacio. La única que me habla es una nenita vestida de rojo y colitas. Están todos sentados alrededor mío. Me tocan el pelo y hablan entre sí y yo no entiendo nada. Pero no me molestan. Al contrario.

La de rojo finalmente me pide que le baje un juego que eligió de un estante, al cabo de decirles todos los títulos que alcanzo a ver en mi modorra y confusión (está el boggle, pero sé que no les va a gustar). Bajo del tapanco y me acerco a hacerlo cuando pienso: “yo no tengo estos juegos”.

Despierto.



13.
noviembre 10, 2009, 7:21 pm
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El mar/estacionamiento

El mar/estacionamiento

Voy llegando a mi casa de antes al estacionamiento. Está vacío y cubierto por agua. Flotan los coches en una superficie azul rey y turquesa hermosísima. Es nuestro mar personal.

Entro emocionada en el coche para estacionarme pronto y echarme a nadar. Voy tan rápido que me derrapo espantoso y voy a estrellarme contra un mustang 67 púrpura y blanco. Le destrozo el frente.

Huyo de ahí y me acomodo perfectamente en mi cajón.
Verifico que ninguna de las ventanas me haya visto.
Me meto a nadar.
Es justo como se siente el mar. El que  tanto me urge sentir de nuevo.



12.
agosto 7, 2009, 7:10 pm
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Va a haber un evento del Moderno. Un baile. Es en una región boscosa. No en México. Mi madre va a ir y va a llevarme. Un día antes de aquello conozco a Bobby. Es un chico increíble. Y baila como nadie aparentemente. Tenemos un momentito de esos en los que se siente que algo podría pasar. Me da su teléfono. Quedamos de cierta forma en vernos al día siguiente.

 Manejo hacía el lugar donde va a ser el baile. Pero antes tengo que pasar por mi vestido. Me pierdo en una carretera llena de árboles y salidas pero sin señales. Me pierdo varias veces. Mi madre me habla por teléfono porque me está esperando.

 Llego a casa de Vicky. Está celosa de mi acompañante de la noche y peleamos con sarcasmos. Eventualmente me calmo y le veo el buen lado al asunto mientras me debato entre unos zapatos grises y unos rojos. Al final llevo un vestido corto y ligero azul cielo con florecitas pequeñas rojas y negras. Los zapatos son grises. Mi pelo es largo, como antes.

 Llego al evento del Moderno. Mi madre se ve espléndida. Estoy sentada con ella cuando llega Bobby (a quién pude llamarle desde casa de Vicky) y me saca a bailar. Yo no tengo idea de nada, pero el promete que me enseña. El, sus ojos azules y su hermosísima sonrisa.



11.
agosto 5, 2009, 6:41 pm
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El chico lindo de That 80s Show.

El chico lindo de That 80's Show.

Vamos a la Cineteca mi madre mi hermano y yo. Entramos a la sala, pero antes de que la película empiece, debemos decidir cuál queremos ver (La sala es en forma de estadio y es sumamente alta y ancha en forma de medio círculo. Como la Megapantalla, pero la pantalla no es tan grande). Estamos decidiendo entre una buena película que es un poco más comercial que podemos ver en otros lugares y el resto de la oferta. Les digo que voy a preguntar a la taquilla a ver cuál me recomiendan.

 Cuando llego ahí, la taquilla es un par de mesas puestas en esquina de máquinas Singer. Ahí hay un par de chicos (una delgado y moreno con un mowhak y look de Mr. T pero cool y un personaje de chico lindo que salía en That 80’s Show) escribiendo en una máquinas de escribir y repartiendo boletos. Platico con ellos y nos caemos re bien, creo que tengo nuevos y muy chidos amigos.

Me encuentro con Gloria. Me da gusto verla. Ella trabaja ahí como eventual de la cineteca. Me ayuda a seleccionar la película. Me recomienda una obra de arte de la cual he escuchado que se llama Snow Show (pero no es el de verdad). La cinta es todo un espectáculo. Es una película de cavernícolas (recuerdo uno rubio de ojos grandes cafés y el pelo muy largo de rastas con un trajecito de pieles colgado de un solo hombro) divertida y al estilo –pero artístico- de Caveman, de Ringo Starr.

Mientras la película se proyecta, aparece un viejito vestido con un saco azul cielo y amarillo de botones horizontales y dorados que le queda muy largo, unos zapatos cafés de payaso, y una nariz roja. El es Slava (de nuevo, no el real) y dirige una orquesta de payasos que están distribuidos entre el público (estos payasos no me dan miedo) que traen una estética similar a los dibujos de Disney en Dumbo. Cada uno está vestido con un traje a la Sargent Pepper de diferente color según su instrumento (las trompetas van de amarillo) y están distribuidos entre el público. Al final el espectáculo es una gran fiesta. Aquello musicaliza la proyección pero es un show a la par. Se reparten globos y cae confetti entre el público mientras ambas cosas suceden.

Lo anterior es una probadita del espectáculo largo que empieza justamente cuando Gloria me está recomendando que la veamos. Para convencer a la gente de ir a verlo, en aquella sala pasan pedazos de la cartelera para que puedas decidir. Ahora es el momento de Snow Show. Vemos mencionado preview (en vivo) y vamos las dos hasta delante de la sala con mi madre cuando termina para saber qué le pareció. Gloria habla del show como lo más grandioso del mundo diciendo “ufff” y se retuerce de lo increíble que dice que es. A mi mamá le caga eso, le parece muy pretenciosa y exagerada.

Regreso a la taquilla y platico con los chicos de las máquinas de escribir. Ambos me recomiendan mucho otra película. En la que también sale Slava y es un “reality” en cine y dicen que es una belleza. Voy con mi mamá a proponérselo y en lo que se lo explico, la película empieza.

Estamos involucrados dentro de ella (y en un salto de sueño, yo salgo ahí también junto con uno de los chicos de la taquilla y L., aunque no dejo de ser espectadora a la vez). La cinta consiste en la crónica de un concurso de talentos. Vemos a los concursantes fuera de el y se cuenta la historia de cada uno. Los talentosos son músicos su mayoría. Y todos merecen el premio porque sus historias te estrujan el corazón.

El primero es el chico de la taquilla (el de That 80’s show), cuyo sueño eterno ha sido formar una banda por el enorme talento que tiene. Lo ha dejado su novia y es tan tierno que convence a todos que merece el premio mayor. El otro es Slava que se interpreta a si mismo en hipotético y en la trama es un viejito con una idea y talentos brillantes (El Snow Show) que ha tenido mala suerte y nunca ha podido llevar a cabo por falta de fondos. Otra de ellas es una chica que vive en México. Es una chica clase media cantante. Es muy chistosa y cae re bien. Siempre se burla de sí misma porque acaba de volver de vivir en (Nueva) “Jersey”. Lleva unos pantalones entubados con zapatos dorados de piso y una blusa negra de manga larga. Tiene el pelo lacio y castaño a los hombros y lleva un listón negro con un moñito en la cabeza.

Vamos caminando con ella Mario Viñas, L. y yo. Estamos afuera del foro en que se lleva a cabo el concurso y nos dirigimos de vuelta. L. le hace una pregunta y ella cínicamente le dice que se la contestará cuando vayan por una hamburguesa o una malteada (y le enumera una serie de opciones de dates). L. no acaba de entender y sólo le sonríe. Yo me doy cuenta que cínicamente “she’s asking him out”. Eso sucede mientras vamos de camino al concurso. Los participantes se sientan en unas barras con sillas altas colocadas una detrás de otra en dos grupos paralelos. Yo llego a sentarme en la tercera fila y L. se sienta justamente atrás de mí. Se lo digo “she just asked you out” y estoy entre impactada y molesta.

No alcanza a contestarme porque conozco la historia de una más de las participantes. Mientras, veo a un hombrecito de mowhak y traje de raya de gis comiendo una hamburguesa frente a mi (es el otro chico de la taquilla pero ahora es más chaparrito). Mi atención se desvía cuando conozco la historia de una delgadísima y alta chica negra (que lleva un sweater rosa y unos jeans) que me recuerda a Uma Thurman -pero de otra tonalidad- y se dedica a la batería. Es una grandiosa del instrumento. Cuenta su historia que le rogaba a la jefa del bar en el que trabajaba, que le permitiera hacer un solo (un show) único de batería. La jefa siempre se negó por temor a perder clientes y por falta de confianza a aquella chica.

De nuevo, ella merecía también ganar el premio.



10.
julio 31, 2009, 5:18 pm
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Veo un episodio especial de una serie de highschool noventera. Es Bevery Hills talvez. El episodio se trata de dos candidatos a “presidente” escolar. Uno es Brandon Walsh (que es súper cool, por supuesto) y el otro es un chico alto y delgado de melena oscura con traje gris de tweed. El chico es sumamente conservador y tiene una campaña de la misma forma que namás no pega (evidentemente). La diferencia entre ambos es que el chico de traje de tweed si sueña con un futuro en la política. Al final me daba mucha ternura toda su situación. Y entiendo que a todo espectador seguramente le sucedió lo mismo (Y acabo de soñar un argumento perfecto para 90210).

 Es el día de las elecciones o de una pre-graduación, porque todo mundo está vuelto loco en el gimnasio de la highschool. Se cuelgan de listones enormes del equipo que adornan el lugar y celebran muchísimo. Hay dos chicas. Me caen bien. Un par de rubias de pelo muy lacio, vestidas con falda tableada y sweater. Se sientan en una de las gradas  y una de ellas se queja del desmadre alrededor. La otra la consuela y le dice “But soon we’ll be class of 1993”.  Veo la cabeza de una y lleva media cola sujeta con un listón verde botella. La otra va igual pero el suyo es color vino. La otra le contesta: “So where are you going?” Y la rubia sonriendo le dice: “UCLA, you?”. “NYU”.

 Debo irme a una reunión de mi propia escuela. Apago la tele. Llego al Olinca donde hay un desayuno enorme con mi generación. La primera y única persona con la que llego a hablar es con Alicia Serrano. La quiero mucho.

 De pronto la conversación empieza a enturbiarse y me dice que tiene que contarme algo horrible. Me acerco mucho a su cara porque me advierte que es secreto. Entonces me cuenta que el amigo de su novio que tiene un coche rojo, roba niños y los vende para pornografía y prostitución. Me invade el terror y la indignación y le pregunto porqué no ha hecho nada y quién más sabe de aquello. No me responde.

 Salgo de ahí a buscar mi coche y me acompaña Alicia. No aparece. Recuerdo que lo he dejado en frente de una casa amarilla y azul en una colonia parecida a la Portales. Le hablo a mi madre, que me dice que vaya a preguntar. Llego a una tienda donde hay muchas mujeres detrás en unas máquinas de coser enormes. La dueña, una mujer de pelo rizado y rojo con lentes gruesos y cofia blanca, parece salida del tiempo en que se abrió el negocio. Le pregunto por el lugar. Me corrige y me muestra unas fotos muy viejas justo del sitio. Me da indicaciones.

Thom Pelirrojo

 Sigo buscándolo y no aparece. En eso me encuentro con un taller mecánico. Uno de los chicos que trabaja ahí es idéntico a Thom Yorke pero pelirrojo (y eso lo pienso todo el tiempo). Lleva un traje de mecánico azul marino y un trapo blanco en el hombro. No habla mucho. Le pregunto por mi coche y me lleva de la mano. Antes de irme me planta un beso. Se cobra el favor.

 Llego a mi casa y mi coche no jala. Me empiezo a desesperar terriblemente. Entonces se me vuelve a aparecer Thom pelirrojo. Abre el cofre y empieza a arreglar el coche. Yo tomo mi celular en ese momento (que está en mi bolsa, en el asiento de atrás) y quiero twittear que ese hombre está en mi casa. Thom me ve con mi celular en la mano y sé lo que piensa “todo el tiempo está con el celular en la mano”. Se me acerca y me lo quita. Lo regresa a su lugar. Como estamos dentro de mi casa en el garage, me lleva de la mano al jardín. Me da un avioncito de plástico rojo que giras cuando tomas de las alas. Se llama Helter Skelter.

Después de un rato subo a la casa. Mi madre ve la tele. Es de nuevo la serie que estaba viendo antes. Aunque estoy consciente de que no es Beverly Hills (imagino una escena donde Kelly y Brandon sumamente rubios están afuera de una casa con una enorme puerta blanca) y es otro show de la misma época. Me pongo a verlo con ella.

 Sale Lacey Chabert de adolescente, que entra por la ventana al cuarto de un chico. Es el chico es un musculosísimo jock sin camisa que la deja pasar. Yo recuerdo que esos dos eran novios en la serie. Pero ella corre a una cama en donde está otro chico. Ellos dos son roomates y ahora ella anda con el otro. El ex novio tristemente le da un paquetito de ropa doblada y le dice, “Toma, siempre te guardo tu pijama”. Ella no le contesta y sigue contándole sumamente atribulada las broncas que tiene a su guey.

 Entonces mi papá me llama y dice que reciba a la familia. Resulta que hoy había comida de nuevo con todos y yo no estaba enterada. Salgo a la calle (que es similar a las de antes en Portales, no como la mía) y está mi tía Pilla, mis dos sobrinos que corren con globos y vienen atrás algunos más.

 Me acuerdo de Thom. Lo dejé sólo hace como dos horas. El coche no está en su lugar, y lo veo a lo lejos sobre la calle. Llego corriendo y abro el coche. Encuentro mi bolsa y veo que están todas mis cosas (incluyendo mi dinero) menos mi cartera. En el asiento de copiloto está el Helter Skelter.

Sonrío, sé que va a venir de nuevo a que le pague.



9.
julio 27, 2009, 4:07 pm
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 Estoy en el Tec que como siempre, no se ve como el Tec sino como el Olinca. Tengo un exámen para el cuál no he estudiado absolutamente nada. Es de historia y mi profesor es guapísimo y se llama Josh. El exámen consiste en tres preguntas necias que nadie puede responder.

 Saliendo de mi clase (en la que mi compañera de pupitre es Dann) que termina justo después de exámen, recuerdo que debo entregar un reportaje para Verónica que va a transmitirse en Concepto Radial. Voy a buscar a Cut a un saloncito para que me de la grabadora, pero lo que falta es un tape.

 Voy entonces a la oficina de mi profesor de historia, porque el seguramente tiene cintas. En el camino me encuentro que hay una presentación ante de la prensa de una chica cantante que es una fusión (fisicamente) entre Dolores O’Riordan y Fergie. Me subo al escenario, me pongo frente a su cara (que es muy impresionante)  y le digo que soy su súper fan y que he ido a cuatro de sus shows antes. Le pregunto si será posible hacerle una entrevista cuando termine. Amablemente me sonríe muchísimo y me dice que “encantada”.

 Sigo mi camino y decido que mi reportaje va a ser una retrospectiva con la entrevista de esta chica sobre las mujeres en la historia de la música. Entonces la mejor persona para asesorarme es Josh mi guapo profesor.

 Voy con él y me dice que vayamos a comer a una cantina cercana para que platiquemos de mi entrevista futura. De camino no me aguanto y (amo estos sueños) le doy un beso. Mismo que responde y todo es felicidad. Josh medio se malviaja pero se emociona muchísimo mientras platicamos de mi reportaje en el camino.



8.
julio 26, 2009, 7:31 pm
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Las hermanas

En donde vivo hay una comunidad de amigos y gente bonita. Todos estamos en el mismo rango de edades más o menos y nos conocemos bastante bien. Tenemos una fiesta a la que todos, todos iremos. Es en casa de cuatro hermanos que han llegado recientemente a vivir aquí.

Llega un tipo que conozco a la fiesta y empieza a coquetearme. No me emociona, pero como siempre, algo queda ahí, siempre sin hacerse y sin decirse. Se me acerca con su pantalón gris y camisa blanca (“está mucho más delgado que en realidad” pienso) para decirme que viene con su novia así que tiene que comportarse. La novia está ahí a su lado. Me asquea ella, el cinismo de él, el aviso y toda la situación en conjunto.

Volteo y saludo a Mauricio Arboleya, a quien genuinamente me da mucho gusto ver. Es sumamente amable y divertido. Paso un tiempo con el a la vez que me encuentro con varios conocidos.

De pronto la música se detiene porque Mónica ha roto algo del mobiliario de la casa y ha caído un pedacito amarillo con negro al piso. Mónica se aterra cuando entra el padre de la casa (un tipo bajo de pelo gris, camisa de manga corta roja y cara de furia) abriendo la puerta de tajo y dejando en silencio a toda la fiesta. El hombre pregunta quién ha sido y Mónica aterrada no sabe qué hacer. Yo le digo, “ni pedo, yo me echo la culpa”. Alzo la vista y exclamo, “fui yo señor, lo siento”. Me pide que le acompañe.

Pasamos varios pasillos de mármol repletos de esculturas grandes y negras. Horribles. Se nota que en ésta casa hay mucho dinero y mucho mal gusto. Empiezo a asustarme.

El hombre me dice miles de cosas. No puedo seguirle el hilo a la conversación por la angustia. El parece saber todos mis temores, y me hace saber que debo pagar la escuela de sus hijos después del daño. A mí empiezan a brotarme las lágrimas y le explico que debo pagar mi propia escuela que apenas me es posible. Que por favor entienda y me perdone. El hombre (que ahora trae una ridícula corona dorada y chueca) contesta: “Pues si, pero la lana no se paga con emociones, así que tenemos que resolver esto”. Yo ahora no puedo ni ver por el llanto y le digo: “Que falta de misericordia y corazón”.

El padre se vuelve loco de la furia y sé que ahora me detesta. Me voy de ahí y vuelvo a la fiesta. Mónica está muy preocupada pero no me da las gracias. No hace nada por ayudarme. Sé que las cosas han cambiado. Todos están conscientes de lo que ha pasado y de mi desesperada situación, pero nadie va a hacer nada por mí.

Desde entonces, todos volvemos a la casa todos los días. Nos entretenemos haciendo pequeñas chambas extrañas y manuales. Parece que el hombre nos tiene pseudo empleados, que resulta muy divertido para todos. Yo odio ir todos los días. Pero sé que tengo que hacerlo.

La madre de la casa es una mamona culera, pero sé que le caigo bien. Me ve como una curiosidad exótica. Como una bestia respondona que le ha fascinado. Sobre todo ante la superficialidad de sus hijas.

Los hijos son tres chicas (una idéntica a la actriz de Privileged, cualidad que comento en voz alta en alguna ocasión) y un chico. El chico es el segundo más grande de los cuatro. Es un hermoso joven sumamente popular y simpático, muy delgado, de piel morena, ojos verdes y pelo oscuro y muy rizado. El trajo algo con una de las chicas que lleva más tiempo trabajando en aquella casa. Sé que llegó con la familia, es nueva en la ciudad. Yo la he conocido ahí. A pesar de que tiene mi edad, se comporta como alguien mayor y responsable. Es dulce, paciente y fría. Me da miedo acabar como ella porque tengo la sensación de que alguna vez fue como yo.

Ella está completamente enamorada de el. El aparentemente ha hablado mal de ella y le ha hecho mucho daño, acorde a su versión de todo el romance. Ellos (los cuatro hermanos) están lejos de nosotros. Somos amigos, pero gracias a su condición de hijos del magnate, son los únicos que andan con una arrogante frescura por su casa. Por ende, la comunicación honesta y cercana con ellos no es posible. Todos le guardamos respeto y terror a su horrible padre. Los hermanos parecen no percatarse de nada. Son raros y andan por la vida como en un sueño y siempre van disfrazados de algo.

Un día saliendo de trabajar de ahí, andando sobre la calle voy caminando con Hugo que lleva una impresora en las manos. De pronto escuchamos un grito desesperado y escalofriante. Es otro de nosotros que sale corriendo con la mano ensangrentada. El horrible hombre lo alcanza y le atraviesa la palma con un cuchillo haciendo un gran hoyo y provocando que el pobre se desangre. Aquello sucede y se muere ante mis ojos un joven de pelo lacio y lentes redondos. Estoy aterrada.

Sé que el padre de los cuatro hermanos lo hizo como advertencia a mí. Tiene una fijación furiosa y psicópata en mi contra. No se le ha olvidado mi actitud y debo irme con cuidado, porque algo como eso me espera si no me comporto.

Hay una comida de cumpleaños en la propiedad. Debe ser de alguno de los hermanos. La más pequeña creo, pero con aquello de los silencios de todos los que visitamos la casa, no estamos enterados del motivo, sólo estamos ahí porque es el lugar en el que debemos estar. En la comida de manteles blancos y jardín, se sienta junto a mí la chica dulce y enamorada del hermano mayor (es la mejor amiga de Diego Marroquín que he conocido hoy por la noche, in the real world). Tranquilamente me explica lo que ha pasado con su enamorado. Yo le digo que se está dejando llevar por suposiciones. Debe entender que lo que hace especial al tío este es que siempre habla en acertijo. Si descifra el acertijo (que yo hago, pero no puedo recordar más) entenderá que el le corresponde infinitamente a sus pasiones.

La luz le regresa a los ojos a mi amiga. Corre lejos de la fiesta a la parte de atrás del jardín. Ahí se encuentran completamente solos y se besan finalmente. Me hace muy feliz ver la hermosa escena.

Por la noche, la hermana ha decidido que quiere ir al cine, la festejada. Entonces la madre me convoca y me da un precioso vestido color esmeralda y agrigo de piel café y delicioso para que me cubra. La chica es tan extravagante y consentida que decide que su fiesta tendrá la temática de “esposas de mafiosos de los 40 que van a un match de box”. Entonces el resto de las hermanas van vestidas igual que yo. Sólo nosotros componemos la compañía de la noche.

Vamos en un camión de dos pisos como el de las calles londinenses. La pequeña hermana ha decidido hacer un video con una historia que ella misma dirige y actúa durante el trayecto. Mi papel consiste en asomarme por la ventana de arriba que es de piso a techo, con el aire sobre mi rostro viendo a un hombre que está abajo y dejarlo pasar con fabulosa tristeza. Tengo un reflector cegador frente a la cara, siento el viento por todo el cuerpo y efectivamente veo a Hugo en la calle y lo miro con una nostalgia preconcebida por saber que nunca voy a poder salirme de ahí. Todas aplauden mi maravillosa actuación, aunque no saben que no lo fue.

El horrible hombre maneja el camión. El tirano y asesino padre de la extraña familia. Pero cuando están sus hijos alrededor no se atreve a hacerme nada. Llegamos a un cine antiguo con marquesinas iluminadas y alfombra roja.

Bajamos del camión ante flashes de fotógrafos seguramente contratados.

Me toman de la mano.